Se hace camino al andar…
Hilos invisibles, como proyecto, ha crecido como una espiral a partir de un concepto sencillo: que toda nuestra existencia es, inevitablemente, parte de un entramado de experiencias, compañías, espacios y encuentros en los que, queriendo o sin querer, vamos tocando otras vidas mientras esas vidas tocan la nuestra.
Escuchar las canciones ahora, después de un año de evolución —por el trabajo en la construcción armónica, por los arreglos que he desarrollado, por el trabajo de producción y por la llegada de cada uno de los músicos que han aportado su interpretación— es un testimonio muy poderoso sobre la vida de la música: viene de muchos lugares, y de múltiples personas. No es estática. Siempre está sujeta a la transformación.
Inevitablemente, en el proceso, he pensado con insistencia en muchas personas que han tenido una influencia y un peso importantes en mi camino: familia, amigos, compañeros. Muchos de mis pensamientos han sido para los músicos maravillosos, mi familia en la música, con los que he compartido espacios de creatividad, composición, arreglos y escenarios. Unas veces con cierta formalidad —en bandas consolidadas con proyectos claros—, otras con cierta informalidad y obedeciendo a invitaciones para ciertos eventos.
Por eso, como parte de este proceso, en el que estoy reflexionando sobre el trayecto que he andado, antes de que salga el disco vamos a tratar de celebrar un poco esos espacios de creación que han sido tan importantes reuniéndonos con algunos de esos hermanos y hermanas para celebrar. A la vida y a la música.
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