Orígenes
De dónde nacen mis pasos y mi música.
Nací en Nicoya, en un punto donde el tiempo parece avanzar distinto, como si cada día llevara consigo un eco de las cosas pasadas. Mis primeros años transcurrieron entre los caminos polvorientos de Guanacaste y el olor salobre del Pacífico. Mi familia se movió entre Guanacaste y Puntarenas, hasta que finalmente nos establecimos en San José cuando yo tenía seis años.
Aun así, Guanacaste nunca se fue. Se quedó en mí como una raíz profunda, silenciosa, como un color que persiste aunque cambie la luz. San José me dio otras cosas —lecturas, caminos, amistades, urgencias, búsquedas—, pero cuando cierro los ojos, las voces y los paisajes que se levantan primero son los de la infancia: sol sobre los almendros, viento caliente, historias contadas en corredores de madera.
Desde pequeño tuve una inclinación natural por las historias. Antes de comprender qué era la narrativa, ya inventaba mundos. Y antes de saber que la música podía convertirse en destino, ya me encontraba buscándola en todo: en los ruidos de la casa, en los cantos improvisados de mi abuelo, en la forma en que ciertas palabras parecían pedir una melodía.
En la escuela aprendí a tocar la trompeta. Luego vino el piano. Y, a los quince años, mi primera guitarra. Fue como encontrar algo que había estado esperándome.
Pero si tuviera que señalar un momento preciso —una escena concreta— en la que supe que quería componer, sería la primera vez que escuché Mariposa Tecknicolor. Algo en esa canción, en su manera de abrir un universo entero en tres minutos, me reveló lo que la música podía ser: un puente, un refugio, una forma de entender lo que a veces es imposible explicar.
Desde los dieciséis años escribo canciones sin parar. No siempre sabiendo adónde me llevaban, pero siempre con la sensación de que había un hilo —delgado, invisible— que guiaba mis manos y mi voz. Ese hilo es el que termina convirtiéndose en Hilos invisibles: un álbum que nace de mis orígenes, pero también del tránsito, de la memoria y de la certeza de que la música es la forma más honesta que tengo de comprender el mundo.