A la orilla del mar
A la orilla del mar fue la última canción del álbum en escribirse, y quizá por eso carga una luz distinta: la luz de lo que se compone cuando uno ya aprendió a mirar hacia atrás con algo de calma. Es una canción que transita entre el recuerdo y aquello que no pudo ser, entre lo vivido y lo que quedó flotando como una posibilidad incompleta.
Hay en ella una tristeza dulce, parecida a la que queda después de una despedida: un eco que no duele del todo, pero que tampoco se apaga. Es la nostalgia que aparece cuando el mar devuelve fragmentos de una historia, pedazos de luz y sombra que uno reconoce como propios.
Pero en esa tristeza también asoma la belleza. La belleza de haber sentido, de haber compartido un camino aunque fuera breve, de haber mirado el mundo desde un lugar que ya no existe pero que sigue vivo en la memoria.
A la orilla del mar es, en el fondo, un gesto de gratitud hacia lo que fue y hacia lo que no pudo ser. Una forma de nombrar ese espacio entre la pérdida y el agradecimiento, entre el silencio y la marea que sigue trayendo, suavemente, lo que queda de nuestras historias.
Volver a HilosA la orilla del mar
A mis hermanas, mis primos y mis primas
A la orilla del mar
la cadencia de las olas
me hace ir a la deriva
y pierdo el rumbo de las horas.
No recuerdo bien
las palabras que dijimos
pero hiere el silencio
de los años que se han ido.
Y tal vez en el viento de la noche
solo pueda recordar la melodía
de aquella canción que nunca pude terminar...
Tras la puesta de sol
un eclipse de gaviotas
rompe el cielo en cristales
nebulosos de la luna.
Te recuerdo bien,
bajo la luz de la luna,
a la orilla del mar
con el canto de las gaviotas.