Todo y nada (el jilguero)
Una de las últimas canciones en escribirse para el proyecto, Todo y nada se convirtió en una de sus claves emocionales. Habla sobre la herencia íntima —las voces, gestos y presencias que nos acompañan desde los primeros momentos y que, aún con el paso del tiempo, nunca dejan de moldear quiénes somos.
Es una canción sobre la compañía silenciosa que se queda en nosotros sin pedir permiso: historias que nos contaron, canciones que escuchamos de pequeños, la forma en que alguien nos nombró por primera vez. Aunque la vida cambie, esa voz permanece como un hilo firme, una raíz afectiva que sostiene incluso en los momentos en que todo parece moverse.
El jilguero aparece como símbolo de esa memoria que vuelve. Su canto es un regreso: un recordatorio de que no todo se pierde, de que incluso en las ausencias queda una luz que persiste. La canción habla de pérdidas, sí, pero también del brillo que queda en lo cotidiano, de lo que continúa en nosotros como un eco luminoso.
Todo y nada es, en esencia, un canto a la compañía que permanece en los silencios, en la memoria y en la música —una presencia que se queda, que acompaña, que nunca deja de hablar aunque ya no esté del mismo modo.
Volver a HilosTodo y nada
Dedicada a James López
Lejos he venido
por el camino,
transmutando como aquellos
sueños de niño
que se escondían
en los cuentos que escuchaba.
La voz me acompaña
como un jilguero:
canta, entrelaza
los recuerdos
de tardes de lluvia y de fútbol
comiendo naranjas.
Somos todo y nada,
nubes que pasan
dando forma a los
sueños que nunca se van.
Todas las canciones,
aquella vieja radio,
se han vuelto rumores, que
llenan mi alma,
todos los colores que me prisman.
Todavía canta
aquel jilguero,
eco en la calma;
recuerdo de tardes, fútbol.