Escapar
En Escapar, los recuerdos se cuelan como la luz entre los árboles: breves, intensos, imposibles de contener. Son destellos que irrumpen cuando uno cree haber dejado atrás algo, pero regresan para recordarnos que la memoria tiene su propio ritmo, su propio modo de abrir heridas antiguas.
Es una canción marcada por la nostalgia, por la cercanía que duele precisamente porque sigue viva. La imposibilidad de huir —de uno mismo, del pasado, de lo que alguna vez nos sostuvo— se vuelve un sendero conocido: un camino que se despliega entre sombras, robles y luciérnagas.
Pero Escapar no es solo una fuga. Es, también, una forma de volver a sentir. Un gesto que permite que la emoción vuelva a filtrarse por las grietas, incluso cuando el tiempo insiste en disolverlo todo.
A veces huir es una ilusión. A veces sentir es la verdadera resistencia.
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Ayer parece tan lejano,
tu voz se escucha como el canto
de las cigarras…
en la densa noche de la montaña…
luciérnagas que confundo
con promesas que ya no están.
Esa tormenta en tu mirada
revive el peso del vacío
que el olvido había sellado ya.
Mientras el eco me responde
los robles tañen nuestra historia
y estoy a punto de estallar.
Me abruman los recuerdos
que mezclan en los senderos
que hemos vuelto a caminar.
El tiempo que todo disuelve
y fluye en mí indiferente
como un artista que talla con el cincel
y deja estragos en mi alma
por donde brota la nostalgia
de aquello que no pudo ser.
Me abruman los recuerdos
que mezclan en los senderos
que hemos vuelto a caminar.
Y es que cuando presiento
el calor de tu cuerpo
no tengo forma de escapar.