Ilustración para Debajo del almendro

Debajo del almendro

Debajo del almendro nace de un recuerdo de infancia que, con los años, se ha vuelto una mezcla entre el sueño y la realidad. Un momento en El Roble de Puntarenas: yo sentado en el suelo, debajo de un almendro , viendo a mi mamá recoger las frutas una por una, partirlas, sacarles las semillas y compartirlas conmigo.

Era un instante simple, pero pleno; un pequeño universo que no sabía que estaba aprendiendo a guardar. La canción es un regreso a ese lugar, a esa luz. A la felicidad encontrada en lo cotidiano y en lo mínimo: el sabor de una semilla, la sombra de un árbol, la compañía silenciosa que sostiene sin exigir nada.

También es una mirada hacia las luchas y los dolores del crecimiento —los miedos de la escuela, la rebeldía de los años siguientes, el camino complejo hacia la adultez. Y al mismo tiempo, es un reconocimiento: desde la madurez uno entiende que mucho de lo que es nació allí, en esas escenas que parecían insignificantes pero que formaron un mundo entero.

Debajo del almendro es gratitud. Una canción sobre volver a ver la vida con los ojos de entonces y comprender, por fin, la ternura que sostenía todo.

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Debajo del almendro

Para mi mamá

Parece como un sueño
cada vez que vuelvo la mirada atrás:
los dos sentados bajo un almendro
recogiendo las frutas;

y cuando yo lloraba
cada vez que tenía que ir a la escuela
y cómo sin pensarlo la vida cambió
aquel martes del noventa.

Y cuando me pongo a pensar entiendo
que mucho de lo que ahora soy y tengo
no sería lo que es sin vos.

Yo sé no ha sido fácil,
siempre fui más rebelde de la cuenta
y encima siempre tuve el corazón
puesto en la música y las letras;

ahora ya soy más viejo
y aunque tengo cicatrices de los años,
saber que nos tenemos me hace sonreír como aquel día,
debajo del almendro.